Ni la tormenta. Ni el frío. Ni el ajuste. Nada impidió que APUBA participara masivamente de la Marcha Nacional Universitaria que reunió a varios cientos de miles de compatriotas el 30 de agosto en la Plaza de Mayo.
En estos tiempos de crisis, donde la realidad se mide minuto a minuto, aún hay lugar para momentos épicos. Para circunstancias que perdurarán en el largo plazo. La multitudinaria convocatoria educativa de ayer, con alumnos/as, docentes y nodocentes bajo una lluvia torrencial, acaso esté destinada a conservar su sitio en la memoria colectiva.

Muchos carteles con consignas contra el gobierno y la infeliz presencia del FMI, mencionada en varias oportunidades. Completaban el marco las tijeras amarillas, un acertado símbolo del ajuste. El sonido lo aportaron los cánticos, los bombos y las trompetas, una orquesta incansable que superó el ruido de los truenos durante toda la tarde.
Con una exigente tarea de organización, la marcha fue ordenada. Pudo verse, además, una fuerte presencia de la juventud, otro de los rasgos para subrayar. Hoy que abundan las comparaciones con otras grandes crisis de las últimas décadas, ese es uno de los puntos que parece haber cambiado rotundamente. Y en APUBA es, en los últimos tiempos, una constante que habla de salud y renovación institucional.

La lluvia no cesó prácticamente durante todo el trayecto hacia Plaza de Mayo y algunos buscaban una pausa, algún techo ocasional para reponer fuerzas. “Otra vez estamos en la calle, para cambiar esta situación. APUBA se manifiesta de esta forma pacífica pero en gran número, pese al clima. Vinimos de todas partes porque hay mucha bronca” graficaba Luciano Cagnacci, Secretario Adjunto de nuestra Asociación. Para esa hora, mientras dirigentes de cada sector hablaban desde el escenario (se pudo observar al cro. Walter Merkins, Sec. de Hacienda y Finanzas en representación de la FATUN), la Marcha se replicaba en varias ciudades del interior.
El contexto no podía ser más complicado: el dólar había pegado otro salto inaudito, el retraso de partidas continuaba atacando las reservas presupuestarias y el funcionamiento de Facultades y Hospitales, las paritarias permanecían inciertas, la ciencia y la investigación se acercaban aún más al derrumbe y la fuga de cerebros.
Pero los compañeros y compañeras nucleados/as por APUBA estaban allí. Con la sensación de estar otra vez ante un momento difícil, que va a requerir enormes esfuerzos y organización sindical, porque entre otras cosas, lo que se juega es ni más ni menos que el lugar de la Educación en nuestro país: como herramienta de cambio y de futuro o como variable de ajuste toda vez que no cierren las cuentas.
Unos metros más adelante se veía, detrás del escenario y tras las rejas, la Casa Rosada.
