El auditorio a pleno. En silencio. Pepe Cibrián en el centro. Recita, actúa, susurra. Grita. El suelo, lleno de hojas, es una prueba de lo que ha ocurrido. Texto leído, desperdigado por el piso como el tiempo que pasa. Transcurre más de una hora y en Uriburu 950 hay cientos de Nodocentes hipnotizados/as. Alumbrados/as por la magia de un artista verdaderamente impar.
Ya todo ha sido presentado. Atrás quedaron las pruebas de sonido, el armado de luces, la logística necesaria y el esfuerzo de un amplio equipo para que esto sea posible. Ya habló la cra. Julieta Vitullo, Secretaria de Cultura y Capacitación, quien recordó que allá por 2010 esta obra se ofreció en la UBA por primera vez, también con injerencia de Facultar, en la Facultad de Medicina. Y que en aquel momento, que hoy parece tan lejano (menos de una década, dos mundiales atrás) también se discutía en nuestro país una ley fundamental.
Ya fue introducido este hombre todo de blanco, que ahora es Federico García Lorca a punto de ser fusilado. Fusilado por “Marica”. Estremece. Dialoga con su verdugo, en el momento atroz (18 de agosto de 1936) que los unirá para siempre. Un disparo acabará con la escena. Y con su vida. Pero esas palabras lo muestran más vivo que nunca.

Cuando termine esa magia y la avalancha de aplausos se repita varias veces, bajando como una catarata desde lo más alto del auditorio, será el momento de analizar que el hombre que cambió el musical en la Argentina, uno de los referentes vivos más importantes y lúcidos del teatro nacional estuvo allí, un lunes 16 de julio de 2018, actuando su obra para Nodocentes, gracias a la gestión y al trabajo de nuestra Secretaría de Cultura y Capacitación. Una pequeña (y no tanto) utopía que acaba de cumplirse. De esas escenas que genera APUBA, para recordar por mucho tiempo.
