martes, 24 Ago 2010 12:00 PM
El análisis del impacto que tiene el esquema de incrementos salariales sobre las economías particulares de cada compañera y cada compañero no docente, rápidamente nos conduce a una suerte de primera conclusión que tiene que ver con la disparidad.
Un aumento de masa salarial del orden del 31% implica que el aumento
promedio está en esos niveles aunque también es claro que se distribuye de un modo
especialmente disperso y esto tiene que ver con las etapas avanzadas de financiamiento del
Convenio Colectivo.
Allá por el 2006 y superados los problemas de la versión inicial del CCT que
cargaba con las inaceptables polivalencias, disponibilidades y movilidades; las
argumentaciones detractoras comenzaban a hacer foco en la reformulación que sufrían
los salarios al plantearse una lógica de adicionales particulares muy diferente.
La supresión del adicional por grado y la modificación del porcentaje a través del cual se
calcula la antigüedad, eran planteadas como la gran pérdida que este Convenio iba a
provocar en las compañeras y compañeros más antiguos quienes, estadísticamente, son
los que ocupan la mayor cantidad de los cargos de jefatura y de direcciones.
En defensa del Convenio, desde APUBA sosteníamos que la decisión de fortalecer
los básicos en desmedro de los demás adicionales era la vía que nos iba a llevar a potenciar
nuestros salarios y a progresar en la jerarquización de nuestra grilla, sin que se
distorsione en demasía la correlación de 1 a 3 entre los sueldos de las categoría mínima y
máxima.
De otro modo, manteniendo el famoso 2% de antigüedad, la diferencia real entre
el salario de un compañero a cargo de una Dirección General y otro que recién ingresa
llegaría a niveles de 4,5 o 5 a 1, porque la sensiblemente mayor antigüedad de la mayoría
de los compañeros de cargos altos generaría sueldos más diferenciados.
Por supuesto que esta diferencia salarial entre unos y otros se financia con la
misma masa salarial. Cuanto más distante esté un salario de otro, mayor porcentaje de la
masa total consume el más alto respecto del más bajo.
Hoy, ya en las etapas finales del financiamiento total de Convenio Colectivo, la
diferenciación entre categorías “consume” una importante proporción de la masa salarial
y explica el porque de la dispersión en los aumentos. Aquellos que auguraban el gran
perjuicio para los compañeros más antiguos hoy ven que la gran mayoría de ellos revistan
en las tres o cuatro categorías más altas y reciben el mayor nivel de aumentos que, en
algunos casos, superan los diez o doce puntos porcentuales respecto de los menos
favorecidos.
Es claramente evidente que si se hubiese mantenido aquel viejo esquema de
adicionales más fuertes que algunos defendían, hoy tendríamos un universo de aumentos
sensiblemente más diferenciado y los compañeros y compañeras que revistan en los
niveles iniciales y que todavía no alcanzan adicionales particulares muy significativos
estarían notablemente más postergados.
Hoy algunos reciben más aumento que otros, es cierto, pero esto es una inevitable
consecuencia del proceso de jerarquización de nuestra carrera que debe incluir,
ineludiblemente, una lógica diferenciación entre categorías.
El Convenio nos ha permitido el salto de calidad en nuestros ingresos y ahora opera la restitución del sentido de la carrera no docente sin que ello implique perder, en ninguna de sus etapas, el profundo espíritu solidario e inclusivo absolutamente imprescindible para seguir siendo la herramienta fundamental que tenemos las trabajadoras y trabajadores de las
Universidades.