jueves, 28 May 2009 12:00 PM
La noticia de la nueva postergación de la Asamblea Universitaria para los últimos meses de 2009, es para los trabajadores no docentes un motivo de preocupación y desilusión.
Como diéramos detallada cuenta en La Posta 39, el año pasado se avanzó sustancialmente en la redefinición de algunos aspectos del Estatuto Universitario. La gratuidad de los estudios de grado y la posibilidad de que los trabajadores tengamos acceso a los grados confirmaron los anuncios más salientes de la sesión en la que también se planteó la continuidad del debate sobre la reforma para los primeros meses de este 2009.
En ese debate, la posibilidad concreta de una modificación en los órganos de gobierno que nos permita formar parte con presencia plena, se nos presenta como un escenario que aguardamos con alto nivel de expectativa.
Sin embargo la irreductible posición de algunos actores sigue generando una situación en la que resulta impensable una Asamblea en la que analice, discuta y se confronten posiciones pero que sea capaz de alcanzar una síntesis y resolver el gran tema del cogobierno universitario.
La intransigente posición de quienes hablan de “democratización” pero hacen el “autoritarismo” cuando el saldo de la discusión les resulta adverso, le hace el juego a aquellos que detrás de un gesto civilizado de “señores universitarios” que se horrorizan ante la barbarie y el reclamo destemplado, esconden una férrea defensa del interés corporativo que no está dispuesto a compartir la menor cuota de poder de decisión. En el medio, quedamos todos aquellos que esperamos que la Universidad de Buenos Aires sea capaz de dar el salto de calidad institucional que la realidad reclama.
El planteo extremo de si no se reforma como nosotros queremos no vamos a dejar que se haga la Asamblea articula perfectamente con la otra posición menos explícita pero igual de intransigente que no solo no está dispuesta a ceder demasiado a la pretensión de los estudiantes, sino que sufra de alergia (o de que se le ericen sus muchos pelos) al pensar en no docentes integrados con voz y voto en los Consejos Directivos y al Consejo Superior de la Universidad.
El segundo semestre de 2009 como momento para “resolver” definitivamente la controversial reforma del Estatuto de la UBA se nos aparece como muy lejana. No es sólo porque falten muchos meses sino porque aún cuando en ese momento pudiera saldarse la disputa con el resultado más alentador para nosotros, la fecha de implementación concreta de esos cambios nos deja afuera de la posibilidad de participar en las elecciones de próximos decanos y rector que se llevan adelante durante este año. En otras palabras, esa postergación que para la Asamblea es de alrededor de un semestre, para los trabajadores se transformaría en dos años porque eso es lo que falta para las siguentes elecciones en la Universidad.
Desde que se inició este proceso de discusión sobre la reforma aparecieron esa suerte de halcones fundamentalistas de un lado y con el correr del tiempo fueron perfilándose otros halcones también del otro. En el medio quedamos nosotros. Nosotros que somos trabajadores tan interesados y preocupados por nuestra Universidad Pública como convencidos de lo que nos corresponde. Nosotros, que pretendemos se nos reconozca nuestro lugar y que rechazamos cualquier idea de que nuestra opinión quede circunscripta a determinados temas…nosotros que, de ninguna manera, estamos dispuestos a ocupar el lugar de las palomas.